sábado, octubre 18, 2008

JOSIE Y LAS GATIMELODICAS: Critica social y la cultura de lo “cool”.



En su libro El cine como crítica social, I.C. Jarvie hace mención de la línea estándar que adoptan los críticos intelectuales y de tendencia izquierdista sobre el cine norteamericano y que acusa a este de falsificar la verdad acerca de Norteamérica:
“Los personajes se falsifican; la sociedad se falsifica. ¿Por qué? Las películas son una forma de escape, por lo tanto sus distorsiones y encanto pueden ser explicados como intentos por gratificar las fantasías del público”

Esta acusación no solo parece ser apoyada por el cine, sino por otros medios, como por ejemplo, el comic. Entre una gran multitud de ellos que van desde los superhéroes, hasta las historias alternativas, pasando por el comic undergraund, hay uno en especial que parece ajustarse precisamente a esta visión de falsificación: Archie.

Archie nació en Diciembre de 1941 como parte de la revista de historietas, Pep Comics #22. Sus creadores, Bob Montana (dibujo) y Victor Bloom (guión) bajo la producción de John L. Golwater serian los iniciadores de un exitoso producto que continua vigente hasta el día de hoy con realmente pocos cambios en su esencia. Archie, el personaje principal, es un chico adolecente, pelirrojo y pecoso que pasa sus días en busca de chicas y diversión en el paradisiaco pueblo de Riverdale, asentado en algún estado sin mencionar. El mundo de Archie, Riverdale, es casi en su totalidad un asentamiento de clase media a media alta donde prácticamente es desconocido la religión, el crimen violento, las drogas, las manifestaciones políticas adversas al sistema, el sida, el racismo, el homosexualismo, el terrorismo y la guerra en cualquier parte del mundo. Aquí, un chico puede pasar sus días sin más problemas que el deber de obtener buenas calificaciones escolares y la forma de conseguir citas con las chicas más guapas de la ciudad.

El mundo de Rivardele, es pues, la idealización de un mundo seguro y perfecto para los hijos de la buena sociedad blanca norteamericana donde ellos no tienen ninguna otra obligación con el mundo que crecer y vivir su adolescencia2, que por supuesto, también está idealizada. La manifestación sexual más arriesgada llega a la excitación hormonal de los muchachos al ver a las chicas en bikini, mientras que el más atrevido acercamiento se limita a un abrazo apretado y un beso en la boca.

Aunque en Riverdale la moda se ha adaptado con el tiempo, los personajes siguen fosilizados en sus mismos perfiles, papeles y roles sociales. En Riverdale, pues, el tiempo pasa solo en las estructuras superficiales del “fashion”, la tecnología, y ciertas referencias de la cultura popular como la música o el cine, pero no en la ideología ni en la personalidad de sus habitantes. Vaya, ni siquiera en sus edades.

A ese Rivardale pertenece también Josie y sus amigas Melodie y Valerie, un grupo de tres simpáticas chicas que conforman un grupo musical, en cierta manera rival al del propio grupo musical formado por Archie. Como una manifestación políticamente correcta del comic, este grupo de tres chicas es el representante aspiracional del logro femenino en Riverdale. Interpretes de rock-pop, las Pussycats son atrevidas, alegres y su calidad musical es superior a la de los chicos.

Y precisamente en este grupo de personajes de Riverdale está basada la comedia Josie and the Pussycats (Deborah Kaplan, Harry Elfont, 2001), film que logra, exitosamente, no solo romper con los esquemas políticos de Archie Comics sino al mismo tiempo hacer, por medio de elementos satíricos, una crítica social al mundo del comercialismo voraz, la publicidad, la mercadotecnia más descarada y el gobierno.

I.C. Jarvie declara en su libro, el cine como crítica social, lo siguiente:

“Yo sostengo que una cantidad cada vez mayor de las últimas películas están diciendo la verdad acerca de Norteamerica, algunas veces incluso una verdad que la mayoría no ha reconocido aún.”

Aunque no realmente fundamentada en análisis profundo de la situación, la crítica existente en Josie y las Gatimelódicas la convierte en una de esas películas que aún sin salir totalmente del molde, da zarpazos de un reconocimiento de las cosas que están fallando en el sistema americano de vida y eso la convierte – en cierta manera y hasta determinado nivel - en uno de esos films cercanos a la declaración de Jarvie.

Para comprender esto, será bueno hablar un poco sobre sus directores y después ir analizando la trama.

Deborah Kaplan y Larry Elfont se conocieron en la NYU's Tisch School of the Arts en California y de ahí en adelante comenzaron a trabajar en conjunto elaborando guiones para cine como A Very Brady Sequel ( Arlene Sandford, 1996) y The Flinestones in Viva Rock Vegas (Brian Levant, 2000). Su primera película en conjunto, Can´t Hardly Wait (1998) tuvo poco éxito en pantalla, pero una muy buena aceptación en video3. Josie and the Pussycats (2001) es su segundo trabajo en conjunto y tienen otro en preproducción. Pertenecientes a la nueva generación de jóvenes directores, Kaplan y Elfont no se contentan solo con escribir o dirigir películas, sino que estas muestran un trasfondo social crítico, mordaz e inteligente cubiertos con el betún de un tema aparentemente frívolo.

Jeff Shannon, crítico de The Seattle Times opina lo siguiente sobre Josie y las Gatimelodicas:

“Ingeniosamente armada por los codirectores Harry Elfont y Deborah Kaplan, esta delirante comedia pone al día los comics de Archie (y la caricatura televisiva de principios de los 70´s). Es un alucinante asalto a los despojos de la cultura pop, que incluye un grupo musical masculino totalmente desechable (apropiadamente llamado “Dojour”)4 y un esquema donde la mercadotecnia de a diestra y siniestra, ayuda a perpetuar un conformismo ciego entre la juventud alienada. Cada colorida escena se ve prácticamente dominada por una muy obvio despliegue de marcas y productos, pues el film juguetonamente adopta el riesgo cultural que supuestamente critica. Pero esto no es hipocresía hollywodense. Elfont y Kaplan con todas las intenciones, muerden la mano que les da de comer y se divierten muchísimo mientras que apelan al criterio independiente”.

Mientras que el Riverdale de los comics es políticamente correcto, Kaplan y Elfont salen airosos de la difícil tarea de enfrentar a esta utopía adolecente con las realidades políticas e ideológicas del momento. Harán de Riverdale y de su naturaleza una metáfora de la durmiente tendencia de la juventud americana a no querer enterarse de nada, no preguntar nada y aceptar casi sin pensar todo aquello que prometa mejorar – sin más pena que un gasto de dólares - su estilo de vida.

La película arranca justamente con uno de esos grupos musicales prefabricados y diseñados por la mercadotecnia. Su nombre en francés, Dujour, refleja precisamente el sino que pende sobre su futuro: Es solo otro grupo “del día”. Con música pegajosa y un diseño visual dinámico y fragmentario, Kaplan y Elfont logran recrear la imagen MTV de estos nuevos ídolos de la juventud antes de que partan en su avión privado hacia su primer tour nacional. Sus fans gritan como locas al ver en vivo y directo a estos chicos estilo NSYNC, mientras que ellos realizan una tabla coreográfica acompañados de un efecto playback de su éxito número uno, “Backdoor lover”.

Insertos al estilo documental dan voz a sus fans. Uno de ellos, un chico de escasos quince años confiesa su adicción al grupo, a su música y a todo aquello que orbite sobre el concepto conocido como “Dojour Culture” que incluye, camisetas, pantalones, vasos, posters y todo el merchandaising habido y por haber. Los cuatro chicos que conforman el grupo Dujour muestran sin reparos el concepto que de “Star” que marcan Allen y Gomery en su libro Teoría y Práctica de la Historia del Cine6 : “En el sentido más básico, daría la impresión de que el concepto de estrellato implica una dualidad entre actor y personaje”. Y básicamente eso es lo que son los chicos interpretan y adoptan. Cada uno representa un prototipo de la cultura “cool” estadounidense: El joven de aire romántico y rebelde, el chico extrovertido y excéntrico, el negro anglizado mucho más cercano a Beberly Hills que a cualquier otro lugar y el chico de actitud claramente subversiva y retadora. Cada uno de ellos está pensado, diseñado y fabricado para representar un ideal de fantasía romántica de sus fans, que por lo que se puede ver en el film, son en su mayoría, mujeres.

Por supuesto, en su vida privada poco tienen que ver con ello. Dos de los chicos del grupo viven en una batalla constante de egos, mientras otro intenta ser conciliador. Las peleas en el interior del grupo se dan por cosas tan frívolas y estúpidas como que uno “roba” para sí, las maneras y caras de otro chico del grupo. Básicamente, son como niños y como tal, hay un padre que los mima y controla cuando es necesario: Wyatt Frame, (excelentemente interpretado por Alan Cumming) que es a la vez su promotor y representante.

Lo que los chicos ignoran es que las intenciones de Frame van un paso más allá del interés comercial o artístico en sus personas. Frame forma parte de una conspiración de la empresa Megarecords y el gobierno norteamericano para influir y controlar la mente de la juventud con un objetivo muy claro: impulsar el consumo de un grupo improductivo del país (los chicos no pagan impuestos y al no tener un trabajo formal, no forman parte del sistema generador de riquezas de la nación) para por medio de sus gastos y compras, mantener en movimiento la economía del estado. Dojour, pues, es un producto creado para difundir por medio de sus canciones anuncios subliminales que influyen directamente en el comportamiento de compra de sus oyentes.

Indudablemente, el concepto del guión parece rebasar la visión de lo políticamente correcto al incluir dentro de este malévolo plan y sin ningún tapujo, al gobierno de los Estados Unidos y más concretamente al Departamento de la Defensa, quien ve en el proyecto de los anuncios subliminales grandes ventajas para atraer a más jóvenes a sus filas. El subversivo tema de la película, pues, no parece algo que aparecería en la serie regular de comics de Archie o que se sugiriera en la utopía de Rivardale donde prácticamente cualquier mención sobre política está limitada a las votaciones para la presidencia del consejo de alumnos.

Josie y su grupo de amigas, pasaran a ser parte del plan de Megarecords cuando Dujour desaparezca de escena gracias a un desafortunado accidente de avión, causado a propósito por su mismo promotor al percatarse que la poca materia cerebral de sus chicos comienza a formularse preguntas sobre un extraño acompañamiento casi imperceptible pero presente, en sus temas musicales.

Kaplan y Elfont no se limitan solo a exponer su crítica abierta al gobierno sino que hace partícipe de ellas las compañías, que prácticamente han convertido en su territorio a la mente de los chicos. Y nos lo hacen saber de una forma brutal. Prácticamente cada escena de la película incluye una o más marcas comerciales en su encuadre visual, de tal manera que al poco tiempo, lo que nos parecía un patrocinio, comienza a convertirse en una sobresaturación de logos. Revlon, Evian, Advil, Ford, Starbucks, Crest, Coca-Cola y casi setenta y dos marcas más parten de ser solo apariciones en pantalla a transformarse en objetos omnipresentes y amenazadores que transfiguran la realidad de las chicas en un mundo ferozmente controlado por la comercialización más descarada. En una escena visualmente impactante, el avión privado de las Pussycats se dirige a tomar pista en Nueva York mientras somos testigos de un paisaje de la ciudad saturado de anuncios comerciales ribeteados de múltiples y atractivos colores; y unos arcos de McDonalds que se elevan majestuosos, como una nueva estatua de la libertad, a la entrada de Manhattan.

Sin embargo, las compañías comerciales no son nada sin su vocero oficial y eso Kaplan y Elfont lo saben pues ambos han trabajado en las entrañas de Hollywood y del mundo de la televisión. Los medios reciben también un serio señalamiento como cofrades no solo del plan sugerido en la película, sino de la crisis de la juventud occidental actual. Son voceros de la frivolidad y el entretenimiento más burdo y enemigos de cualquier tipo de reflexión. Para ello, Kaplan y Elfont se valen de varias figuras muy conocidas en la televisión que se interpretan a sí mismas y que al mismo tiempo son personajes involucrados directa y conscientemente en el plan para controlar a las masas juveniles del país. Entre ellos están Serena Altschul, famosa presentadora de Channel One quien informa por medio de un noticiero sobre la desaparición del grupo Dojour y que además grabara una noticia, aún no acontecida, sobre la muerte de dos de las integrantes del grupo de las Pussycats. Carson Daly, otro famoso presentador de televisión no es solamente la figura principal de su programa de estrellas “Total Request Live” sino que además es un agente y asesino a sueldo de Megarecords que a punta de golpes de bat, se deshace de los estorbos.

Hasta el momento podría pensarse que Kaplan y Elfont – como bien indica anteriormente Jeff Shannon – son solo parte de esa maquinaria hipócrita de Hollywood quien señala con el dedo a “agentes externos del mal” pero jamás a si misma o a quien le da de comer: al mismo público. La dupla de directores, aunque de forma más velada y menos acidan, tampoco perdona al espectador. No son los jóvenes meras victimas del plan, sino parte activa de él. Su propensión a no cuestionarse nada y vivir prácticamente en busca de la obtención de placer y diversión los convierten en presas fáciles de aquellos que pueden moldear sus mentes con la publicidad, porque prácticamente tienen sus defensas bajas.

En una escena del film, Wyatt Frame acude a una tienda de discos en Riverdale en busca de “talento” para sustituir a los chicos de Dujour y aprovecha el momento para realizar un experimento. Le entrega al DJ del lugar un CD con un single inédito de la banda para que lo toque en el local. Por supuesto, el track incluye mensajes subliminales. Cuando la música comienza a tocar, los chicos comienzan a externar opiniones comerciales como “necesito unos nuevos Reebok”, o “¡Gatorade es el nuevo Snapple!”, resultado de la influencia de los mensajes ocultos. Sin embargo, una joven de aspecto “dark” no parece influenciada en lo más mínimo por la música y señala que todo aquello es solo basura pop, intrascendente y nada propositiva. “Oh – señala Wyatt - ¿Qué tenemos aquí? ¿Una librepensadora?”. Al rato, la chica será secuestrada por unos tipos en una camioneta blanca mientras la dirección de internet de MTV aparecerá en letras grandes al darse estos a la fuga. Por supuesto, la chica será llevada a los laboratorios de Megarecords y será convertida en conejillo de indias para sus experimentos de lavado de cerebro. La misma imagen de la chica “dark” nos habla sobre los grupos contraculturales que distan mucho de ser “cool” para los movimientos de moda. Grupos con opiniones diferentes y muchas veces adversas que son considerados amenazas para la sociedad por la drástica y a veces retadora forma de manifestarse, ya sea por medio de sus actitudes, filosofías, vestimentas o su misma expresión artística.

La moda, básicamente lo que busca no es resaltar la personalidad, sino muchas veces exactamente lo contrario: permitirle al consumidor pertenecer a un grupo de usuarios que gracias a los códigos culturales que comparten con los demás, se vuelva una parte estándar del mosaico social, lo que lo salva de ser señalado, retado o despreciado. Aquellos que resaltan sus diferencias sin temor solo pueden ser líderes que impondrán la moda a la masa o elementos tan ajenos a la cultura social en boga que los convierta en parias de esta.

Josie y las Gatimelodicas, pues, acaban convirtiéndose en emisarias de esta despersonalización de las masas, cuando Megarecords convierte su música en un éxito por decreto comercial y no por gusto individual. Las chicas, de hecho, sienten que algo no anda muy bien cuando son el fenómeno de ventas número uno después de haber sido contratadas… ¡una semana antes!

Afortunadamente para Kaplan y Elfont, el público norteamericano no ha sido ciego y sordo a la mordaz crítica social de su película y la prueba está en los comentarios que sobre el DVD se externan en sitios como Amazon.com. La película sale bien librada delante de todos sus públicos, ya sea el juvenil o el familiar sin traicionar el espíritu original del comic y a sus personajes agregándole además una nueva y muy fresca vitalidad a la obra. Kaplan y Elfont son pues, el ejemplo perfecto de que algo que pudiera esperarse frívolo e intrascendente, con inteligencia, creatividad y trabajo puede ofrecer algo más que solo mera diversión momentánea. Josie y las Gatimelódicas no será un clásico de la comedia, eso es seguro, pero es y será una película que tiene algo que decir, mostrar y señalar; que representa cabalmente un momento histórico y crítico en la historia de su país y que no acepta mordazas de un sistema paliativo que muchas veces teme señalar a las cosas por su nombre y mostrar las situaciones tal cual son.

Al respecto, Matt Hertsgaard, periodista norteamericano, menciona lo siguiente:

“Estados Unidos tiene mucho de que estar orgulloso, pero también tiene cosas de las que arrepentirse. ¿Por qué nos tiene que costar tanto admirirlo? […] Las verdades incómodas no se desvanecen simplemente porque haya voces poderosas que las quieran acallar”.

BIBLIOGRAFIA:

ALLEN, ROBERT C. y Douglas Gomery. Teoría y práctica de la historia del cine, Barcelona: Paidós, 1995

HERTSGAARD, MARK, La sombra del águila, Barcelona:Paidós, 2003

JARVIE, IAN C. El cine como crítica social. México: Prisma. 1979

2 comentarios:

elcuervolopez dijo...

Bien por la foto de tu mami.
A, el marica que opinaba aquí gusta de mi blog...

Ms. Cliptemnestra dijo...

buenas, soy de Uruguay y casualmente me tompé con tu blog ya que estaba buscand algo al respecto de la historia de Valerie de las gatimelódicas, ya que es representada en "La casa de los dibujos" (Drown together) y deformada al punto de ser un mero artificio, de paso te recomiendo ver eta serie sólo por ver el hecho de ver ké pasaría si juntamos dibujos de origenes distintos y ke han caído en desgrasia a causa de sexo, drogas, desenfreno, mentalidad homosexual y suicida, y hasta depresión continua. Muy buena entrada y felicitaciones. Florencia