lunes, junio 19, 2006

TEOGONIA DE LOS DIOSES LOVECRAFIANOS


TEOGONÍA DE LOS DIOSES LOVECRAFIANOS
por: El Cuervo López

Es sabido que Lovecraft, quien reafirmó y sentó las bases definitivas del terror y horror que aún hoy en día siguen influyendo a los escritores del género y que prealineó Allan Poe, con su propia impronta, nunca intentó sistematizar los mitos que el promovió en la obra que escribió en la parte final de su vida. No se dedicó a poner orden aquí ni allá tal como lo hizo, por ejemplo, Hesíodo en los mitos griegos.

HPL dejó sentado solamente que antes que la Tierra estuviera poblada por el hombre, la misma estuvo dominada por otros seres. Este hecho tan pavoroso se encuentra aludido en determinados libros “sacrílegos, impíos, abominables, aborrecibles, blasfemos, odiosos, etc.

Enuncia, asimismo, cultos y lugares “prohibidos”.

Por ello, cuando un lector neófito comienza a degustar la obra de HPL, puede encontrarse despistado ante la carencia de “guía” u orden cronológico de estos mitos. Sabido es que HPL inició su obra con relatos y poemas de marcado estilo extraído de Lord Dunsany, escritor onírico bastante barroco y gótico, por cierto. Luego pasó por relatos de terror del tipo contemporáneos, como el excelente “Aire Frío” o su juvenil obra maestra “La Bestia en la Gruta”. Y el lector seguramente, o desiste o sigue trazándose su propio recorrido. El tema que transforma es molesto o dificultoso esta ruta es que hay pocos libros que reúnan la obra total de HPL dedicada a los Mitos escritos por el propio autor y además, con relatos escogidos a manera de integración de otros autores directos e indirectos afines al círculo de Arkham, ya sean antiguos (Long, Ashton Smith, Bloch o Derleth) o modernos (Ramsey Campbell, Lumley o King). Hoy en día, sus relatos son ordenados en caprichosas y muchas veces poco felices antologías.

El gran artífice y primer sistematizador de los Mitos fue August Derleth. A él le debemos la creación de los benignos Dioses Arquetípicos y los sellos que estos generaron: la piedra de con forma de estrella de cinco puntas que obra como el más eficaz remedio talismánico contra los nefastos Primordiales.

Derleth ha recibido muchas críticas a lo largo de estás décadas y la principal es que a costa del genio de HPL se ha llenado los bolsillos de dinero y elevado sus propios cuentos a la popularidad, en tanto que su estilo y calidad han sido catalogadas de inferiores a su maestro.

Yo creo que toda crítica contra Derleth es injusta. Si bien nunca lo conoció a HPL, su admiración y devoción por la obra de este tuvo el suficiente combustible como para promover todo un movimiento de rescate y justificación de tamaño genio. Y así, ayudado por una legión de escritores menores, fundando la editorial Arkham, elevó el apellido de Lovecraft al sitial de clásico indiscutido.

Recuerdo un caso similar. El de Gustavo Adolfo Bécquer. Murió en la pobreza y sin que su genio sea reconocido. Sus rimas estaban dispersas en diversas publicaciones periódicas así como mucha de su prosa. Y sus amigos y admiradores compilaron su obra y la editaron y así, Bécquer fue famoso, admirado y estudiado como un auténtico genio como lo fue y es ahora Lovecraft.

Mahler, quien tampoco tuvo un justo reconocimiento en vida, dijo poco antes de morir: “Mi tiempo está por venir”.

Derleth fue el auténtico albacea de la obra literaria de HPL, y sin su empuje, hoy HPL habría sido olvidado o en el mejor de los casos, poco difundido.

Derleth trató de sistematizar los mitos de acuerdo a sus propios relatos y de tal forma se encuentran editados y publicados en tres extensos volúmenes.

Por otra parte, Lin Carter, erudito, novelista, teólogo y bibliógrafo, a quien le debemos una excelente sistematización de otro ciclo de mitos encarnados en “Zhotique”, de Clark Ashton Smith (con HPL y Howard formó el gran trío que animó la revista Weird Tales en los 30’, 40’ del Siglo XX y que, tras el suicidio de Howard antes de llegar a los 30 años y la siguiente muerte de HPL, se recluyó en su casa sin casi volver a escribir jamás configurando uno de los más grandes enigmas de la literatura), que reúne todos los relatos referidos a este tema y de forma cronológica y ordenada postula el siguiente orden que resumo.

En época geológicas remotísimas la Tierra fue habitada y gobernada por grupo de dioses diabólicos y de divinidades benévolas mucho antes que apareciese el hombre en la Tierra, la cual era compartida por los Primigenios y la Gran Raza de Yith, los que cayeron en discordia y se alzaron contra sus propios creadores, los misteriosos Dioses Arquetípicos, primeros pobladores de los espacios interestelares. La Gran Raza, constituida por seres espirituales e inmateriales que parasitaban cuerpos ajenos, abandonó las zonas terráqueas por ella dominadas y huyó a través del tiempo hasta el Siglo CC, en el que se apoderaron de los cuerpos de una raza de escarabajos que sucederá al hombre, en esa época remota, como forma dominante de vida en el planeta. Los Primigenios, sin rival ya, quisieron dominar el mundo en combate con los Dioses Arquetípicos que moraban en Betelgeuse, les robaron algunos talismanes y sellos y determinadas tablillas de piedra cubiertas de jeroglíficos, que ocultaron en un planeta próximo a la estrella Celaeno.

Los Dioses Arquetípicos castigaron esa rebelión y aunque los Primigenios (también llamados Arcaicos o Primordiales), bajo la orden de Azathoth, combatieron largamente, fueron finalmente vencidos y expulsados los unos y apresados los otros.

Hastur, el inefable, fue exiliado al Lago de Hali, cerca de Carcosa, en las Híadas próximas a Aldebarán.

El Gran Cthulhu, fue mantenido en estado letárgico mágico, similar a la muerte, en la cósmica ciudad de R’lyeh, situada no lejos de Ponapé, en el Océano Pacífico.

Ithaqua, el que camina en el viento, fue desterrado a los helados desiertos árticos, de los que un sello poderoso le impide escapar.

Yog-Sothoth fue expulsado de nuestro continuo espacio-tiempo y fue lanzado al Caos junto con Azathoth, a quien por haber sido cabecilla de la rebelión, los Dioses Arquetípicos privaron de inteligencia y de voluntad (por eso en la obra de HPL se lo mencionada como idiota).

Tsathoggua fue arrojado a una caverna situada bajo el Monte Voormithadreth en Hyperbórea, junto con algunos dioses menores como Abhoth y Atlach-Nacha.

Cthugha fue exiliado en la estrella Fomalhaut.

Ghatanothoa, el dios demonio, fue sellado en las criptas que se extienden bajo una arcaica fortaleza construida por los crustráceos de Yuggoth en la cima del Monte Yadith-Gho, que domina la primitiva Ciudad de Mu.

Muchos dioses menores fueron obligados a refugiarse en el negro castillo de ónice que corona la ciudad de Kadath situada en el Desierto de Hielo, en la zona en que el mundo de los sueños penetra en nuestra Tierra.

De los Primigenios Mayores, solo Nyarlathotep (Robert Bloch le dedicó muchos relatos a este personaje como “El Diablo en el Campanario” o su novela “Extraños Eones”), el mensajero alado o el gran dios sin cara, parece haber evitado tanto la prisión como el exilio.

Antes de ser derrotados en la primera de las guerras, los Primigenios Mayores habían engendrado una multitud de esbirros infernales que desde entonces se esfuerzan por liberarlos de nuevo; sin embargo, ni siquiera los Profundos de Innsmouth o R’lyeh, seres marítimos y anfibios, pueden levantar ni tocar el Signo Arquetípico, poderoso sello de estos dioses, que mantiene a Cthulhu dormido en la muerte.

Conforme resulta de uno de los versos del Necronomicón (el famoso noveno verso), una vez debidamente entonado, Yog-Sothoth se liberará y dará origen al retorno de los viejos diablos. Cabe notar que Yog-Sothoth aparece en muchos de los relatos de HPL y sus seguidores y mediante ceremonias y cánticos se intenta que este dios retorne a nuestra dimensión, puesto que conforme se ha citado, todos los dioses están en diversos lugares de la Tierra, pero solo Yog-Sothoth y Azathoth se encuentran fuera del tiempo y del espacio.

En algunas ocasiones, alguien ha podido levantar el Sello Arquetípico, pero siempre ha sido vuelto a colocar en su sitio, ya sea por intervención directa de los propios Dioses o por servidores humanos. Sin embargo, el árabe loco profetizó que los Primordiales retornarían luego de ser liberados y se entablaría una nueva lucha por el Universo contra los Dioses Arquetípicos.

Derleth, aclara que entre los propios Primigenios hay peleas. Hastur es enemigo irreconciliable de Cthulhu y a menudo intercede como salvador de los que este persigue.

Algo que o he visto en ningún análisis es que nadie se pregunta a qué viene tanto interés de tamaños titanes, de estos grandes dioses buenos y malos por nuestro pequeño e insignificante planeta siendo tan amplio y extenso el universo…

Lo que sí no cabe duda, es que además de ser un maestro del horror, HPL promulgó muchas narraciones con tintes y elementos tempranos y de gran certeza en el campo de la ciencia ficción.

Todo este tema de los Primordiales y los Dioses, etc. se trata en su esencia más pura de extraterrestres que intentan dominar la Tierra en donde anduvieron dando vueltas ya hace millones de años..

2

La mitología Lovecraftiana se integra no solamente con dioses y lugares, sino también con una multitud de libros proscriptos y profanos que no deben ser leídos. Carter opina que estos libros son esenciales y contribuyen a apoyar numerosos detalles de los Mitos a los que dan un aire de autenticidad y de erudición. Huelga decir, que en esto HPL también fue un claro innovador y a partir de su obra el tópico de los libros malditos se impuso como algo habitual en la narrativa de horror. En muchos de estos libros se aluden los Mitos de manera velada y críptica, con parábolas y símbolos, con gráficos y dibujos de antiguos Arcanos que solo los adeptos pueden llegar a interpretar.

Varios de estos libros existen en la realidad, como el The saurus Chemicus, de Bacon; la Turba Philosophorum, The UIT-Cult in Western Europe, de Murria; De Masticatione Mortuorum in Tumulis, de Raufft; el Libro de Dzyan, la Ars Magna et Ultima, de Lulio; el Libro de Thoth, el Zohar, la Crytomensis Patefacta, de Falconer; o la Polygraphia, de Trithemius; por citar algunos.

El nombre rimbombante, misterioso y sugestivamente ominoso, causa un gran efecto en el lector, pero tales libros poco o nada tienen que ver con los Mitos.

Los que sí tratan directamente con los Mitos, son aquéllos libros inventados y que se citan en la obra de HPL y sus seguidores. Muchos de estos libros tienen autores que HPL signó a través de los escritores que formaban su círculos de de correspondencia y son fáciles de detectar.

El Libro de Eibon, El Texto de R’lyeh, Los fragmentos de Celaeno, los Cultes des Goules, del Conde D’erlett, De Vermis Mysteriis de Ludwig Prinn, las Arcillas de Eltdown, el People of the Monolito, de Justin Geoffrey, los Manuscritos Pnakóticos, los Siete Libros Crípticos de Hsan, los Unaussprechlichen Kulten, de Von junzt y, sobre todo, el Necronomicón, del árabe loco Abdul Alhazred.

Este último libro, de amplia fama a partir de la narrativa de HPL, fue el más descripto en su obra con tal lujo de detalles que la gente llegó a creer que el mismo existía en realidad.

El título original era Al-Azif.

Azif es un término árabe para designar el ruido nocturno producido por los insectos, el que se presumía era el murmullo de los demonios. Abdul Alhazred era un poeta loco que huyó de Sanaa al Yemen, en la época de los califas Omeyas, hacia el año 700. Visita la ruinas de Babilonia y los subterráneos secretos de Menfis y pasa diez años en la soledad del Gran Desierto que se extiende al Sur de Arabia, el Roba el-Khaliyeh o “Espacio Vital” de los antiguos, y el Dahna, o “Desierto Escarlata” de los árabes modernos. Se decía que estos sitios estaban poblados de espíritus malignos, monstruos tenebrosos y demonios. En los últimos años de su vida, Alhazred escribió el Necronomicón y sobre su muerte o desaparición en el 738, circulan terrible y contradictorias versiones y rumores.

Se dice que fue asesinado por un terrible monstruo invisible en pleno día y devorado horriblemente en presencia de numerosos y aterrorizados testigos.

En el 950 el Al-Azif fue traducido al griego por Theodorus Philetas, de Constantinopla, bajo el título de Necronomicón. Durante un par de siglos sucedieron hechos horribles que obligaron al Patriarca Michael a prohibir el libro y quemar todas las ediciones encontradas.

Recién en el 1228, Olaus Wormius encuentra una traducción al latín y la traduce al alemán. El Papa Gregorio IX, en el 1232, la prohibe mientras que la última edición original árabe se encuentra perdida desde los tiempos de Wormius.

El artista Robert Upton Pickman (“El Modelo de Pickman”), tenía en su poder una copia de la traducción latina, pero se perdió al mismo tiempo en que Pickman desapareció misteriosamente en 1926. Existen diversas ediciones de estas traducciones resguardadas bajo siete candados en vitrinas reforzadas de los sótanos del Museo Británico, la Biblioteca de Harvard, la Biblioteca Nacional de París y la Universidad de Miskatonic, en Arkham.

La obra se encuentra severamente prohibida y su lectura puede traer nefastas consecuencias.

Ni con lentes se animen.

El Cuervo López

1 comentario:

Fernando dijo...

Uno de los coautores del libro sobre Verne, Luis Abbadie escribió un libro que se llama "Un comentarios sobre el Necronomicón". Ahi podemos ver una serie de comentarios interesantes sobre un libro que nunca existió aunque mucha gente crea que si, incluso la leyenda de que estaba encuadernado en piel humana.