jueves, septiembre 16, 2010

AHORA PUEDE CONTARSE: La vida y la obra de Kilgore Trout

Un completo ensayo sobre la vida y la obra de uno de los escritores de ciencia ficción más fracasados e incomprendidos del género

AHORA PUEDE CONTARSE: La vida y la obra de Kilgore Trout
por: Gabriel Benítez

- “Los quiero mucho, hijos de perra. Son mis escritores favoritos. Son los únicos que hablan de los cambios realmente terribles que tienen lugar, los únicos bastante locos para saber que la vida es un viaje espacial, y no precisamente cortito sino uno que durará billones de años. Son los únicos que tienen el valor y el coraje de preocuparse realmente del futuro; los que realmente se dan cuenta de lo que nos hacen las máquinas, lo que nos hacen las ciudades, lo que nos hacen las grandes y simples ideas, lo que nos hacen las tremendas incomprensiones, equivocaciones, accidentes y catástrofes. Son los únicos que se preocupan del tiempo y de las distancias sin límite, de los misterios inmortales, del hecho de que ahora ya tenemos una base para fijar si los viajes espaciales de los próximos veinte años serán un cielo o un infierno… ¡Al diablo con los cuentistas de talento que escriben delicadamente sobre una pequeña parte de una simple vida cuando hay temas como galaxias, eones y trillones de almas que aún no existen!

Quien acaloradamente declaró esto en un improvisado discurso en una convención de ciencia ficción, no fue otro que el reconocido millonario norteamericano Elliot Rosewater, filántropo, presidente de la fundación Rosewater y apasionado lector de ciencia ficción. Elliot Rosewater nunca ocultó el entusiasmo que sentía por este tipo de literatura que C.S. Lewis denominó alguna vez como “la única droga que de verdad expande la conciencia”. En especial, Rosewater sentía una gran admiración por un escritor de ciencia ficción bastante oscuro, apenas conocido e incluso poco mencionado en el mismo circulo de escritores de ciencia ficción. Dejemos que él mismo nos lo presente:

- ¡Ojalá Kilgore Trout estuviera aquí, para poder estrechar su mano y decirle que es el mejor escritor de la actualidad! ¡Acaban de decirme que no ha venido porque no pudo dejar su trabajo! Y ¿Qué trabajo le esta dando la sociedad a su gran profeta? ¡Lo han convertido en un empleado de un centro de remisión de sellos en Hyannis! ¡De aquí a diez mil años se habrán olvidado los nombres de nuestros generales y presidentes, y él único héroe que se recordará de esta época será el autor de “2BR02B”!

2BR02B” ( Two Be oR 0 Two Be ) titulo de una de las obras de Trout que hace referencia a la famosa pregunta de Hamlet – Ser o no ser – es a todas vistas la obra preferida de Rosewater, pero… ¿merece Kilgore Traut, o mejor dicho, sus obras, el reconocimiento grandilocuente y emocionado de este filántropo? ¿Qué contienen sus historias que han dividido las opiniones de los pocos críticos que lo conocen? ¿Estamos realmente ante uno de esos genios desconocidos cuyo lugar en la literatura ha sido negado gracias a la incomprensión de sus contemporáneos? Después de haber estado en contacto con la obra de Trout, uno se da cuenta de que no son preguntas fáciles de responder, en especial, la última…

1. ¿QUIEN ES EL SEÑOR TROUT?

Sin duda, uno de los elementos que más han contribuido a elevar la figura de Trout (además de la acalorada promoción que Rosewater le prodigaba allá donde fuera) es el misterio de su propia vida. Poco, realmente poco se sabe sobre la vida de este escritor de ciencia ficción. El catálogo de sus obras, que hasta el momento se ha contabilizado en poco más de cien libros - todos ellos publicados en rústica - es difícil de precisar, pues aunque su trabajo se circunscribe al mundo de la ciencia ficción, jamás fue publicado en una colección del género. Desconocido para sus lectores potenciales, Kilgore Trout vivió miserablemente de lo que ganaba por sus obras, todas ellas publicadas por editoriales y revistas de poca monta, especializadas – si así lo podemos llamar – en novelas de pornografía barata (1) . Y no era que su obra contara con fuertes elementos eróticos o incluso pornográficos, como era de esperar, sino que realmente a los editores de esa clase de basura jamás les preocupaba lo que se publicaba dentro de sus colecciones. Como productos de consumo masivo para un público de escaso nivel educativo y alto nivel de hormonas, esta clase de obras tenían que aparecer prácticamente cada semana, frecuentemente sin ningún tipo revisión y normalmente de forma apresurada. Fue en esta industria donde Trout encontró, a regañadientes, su acomodo.

Hasta el momento, nadie está de acuerdo en el año de nacimiento de Trout. Algunos lo sitúan en 1907 y otros en 1917. En cambio, el lugar de su nacimiento sí se conoce: nació en Bermuda, como hijo de Leo Trout, cuidador al servicio de la Real Sociedad Ornitológica, cuya misión consistía en salvaguardar el único lugar en el mundo donde anidaba la famosa águila de mar de Bermuda. Kilgore tuvo el triste privilegio de presenciar en primera fila la extinción de esta maravillosa criatura y de enterrar él mismo a la última, una águila de una envergadura de diecinueve pies, con dos pulgadas y tres cuartos. Para desgracia de la humanidad entera, después de la muerte de la última ave por fin pudo descubrirse la enfermedad que había diezmado a la población hasta llevarla a su fin: El pie de atleta. Por supuesto, no fue sino el hombre quien llevó este hongo a la isla. El mismo Kilgore Trout, en su niñez, lo sufrió. Trout nunca pudo olvidar el entierro de aquella última águila. La imagen de aquella ave en su agujero de arena jamás desapareció de su vida. El mismo llegó a declarar alguna vez que recodar aquello no solo velaba su alma con una oscura nube de depresión, sino que, además, sus pies le escocían.

Más tarde, la familia de Leo Trout se mudó a Dayton, Ohio donde Kilgore acabaría graduándose de la Thomas Jefferson High School en 1924.

Sobre su muerte, la especulación es aún mayor. La primera fecha ofrecida es en 1981, en Nueva York. Las otras dos son en el 2001 (a la edad de ochenta y cuatro años si es que hipotéticamente hubiera nacido en el 1917 y de noventa y cuatro en el primer caso) y en el 2004 según lo mencionó en un articulo sobre Trout el mismísimo Kurt Vonnegut (1922 -2007) (2). Vonnegut , famoso autor norteamericano de obras tan conocidas como Matadero Cinco y La Pianola, quien, se presume, contaba con ciertos nexos que lo unían a este escritor, narra la muerte de Trout con una prosa salpicada de su ya conocido humor negro e ironía. Menciona que Trout realmente se suicidó y lo hizo bebiendo una botella de Drano, el popular ácido corrosivo tan usado en la limpieza de lavaderos y excusados, la media noche del 15 de octubre de 2004. Su decisión se debió a la profecía que un psíquico le hiciera, una semana antes de su muerte, sobre una nueva elección presidencial que declaraba vencedor, una vez más, a George W. Bush. Vonnegut menciona que en la lápida de su tumba se pueden leer este triste epitafio: “La vida no es forma de tratar a un animal”.

Dadas las circunstancias, es difícil confiar en la veracidad de este artículo.

2. VIDA DE PERROS

Mientras un joven Isaac Asimov y un también joven astrofísico Arthur C. Clarke se convertían en las nuevas almas de la fiesta de la ciencia ficción, otro escritor ya consolidado, Robert Anton Heinlein, continuaba cosechando éxitos en diferentes revistas del género, por supuesto, en los Estados Unidos. No llovía el dinero, pero la fama que conllevaba ser parte de una nueva literatura cada vez con más adeptos, subsanaba en cierta forma ese incentivo monetario faltante. La llamada Edad de Oro de la Ciencia Ficción (época señalada por algunos como los años que transcurrieron desde el final de los treinta hasta bien entrados los cincuenta) fue de un creciente éxito para el género y sus nuevos representantes. Pero no todos gozaban de esta bonanza.

Entre éstos últimos, se encontraba Kilgore Trout. Con sus novelas prácticamente perdidas en un mar de publicaciones pornográficas, Trout vivía solo y pobre en Cohes, Nueva York. Su departamento, un sótano de un edificio construido de ladrillos, era casi de indigente. En su interior, Trout contaba con un hornillo de gas para preparar sus comidas, una vieja cama de latón opaca y oxidada y una antigua máquina de escribir cuyo origen se desconoce.

Ahí, en ese lugar, Trout escribía las novelas y los cuentos que posteriormente enviaba a sus poco exigentes editores. Su fidelidad a ellos estaba basada en el don de estos últimos de entregar de forma oportuna los cheques con la paga. No se sabe si hubo algún cambio significativo en la vida de Trout durante alguna de esas décadas, pero todo apunta a que no. Antes, Trout había vivido en Illium, Nueva York, donde se sabe tuvo tres matrimonios fallidos. Su único hijo, Leo, llamado así en honor al padre del mismo Trout, abandonó la casa a los 14 años de edad. De ahí en adelante, no hubo más familia para Kilgore.

Las cosas, como ya señalamos, no cambiaron, pero en 1971, Trout recibió una carta, que como un trueno lejano, presagiaba una futura tormenta en su gris y triste vida. Era la carta de un millonario excéntrico que haciendo uso de una agencia de detectives privados descubrió quien era Kilgore Trout y donde vivía (3) . Esta carta pertenecía, por supuesto, a Elliot Rosewater. La carta decía que Plaga sobre Ruedas, una de las primeras obras de Trout, era la mejor novela escrita en el idioma inglés y que él, y no otro, debía ser presidente de los Estados Unidos. En aquel momento, Kilgore Trout, que no tenía ni idea de quien podría ser ese Elliot Rosewater supuso que se trataba de un chalado, o más probablemente, un bromista, aunque, realmente, no se explicaba para que demonios un tipo perdería tiempo en escribir una carta de broma a un autor de ciencia ficción fracasado cuya vida parecía ya en sí una especie de broma cruel. Eso sólo dejaba a Trout con la primera opción. El mensaje era de un chalado.

Dos semanas después, recibió otra carta más. Esta había sido enviada por un tal Fred T. Barry, presidente del Festival Cultural de Midland donde se le invitaba a participar exponiendo una conferencia sobre su obra. Fred T. Barry confesaba también su desconocimiento total de lo que a la obra de Trout se refería, pero añadía que venía bien recomendado por uno de los más importantes personajes filantrópicos de la vida cultural: Elliot T. Rosewater, “quien me asegura” – decía la carta – “que es usted quizá el más grande novelitas americano vivo. No puede haber mayor elogio”. Anexo a la carta, venía algo más: un cheque de mil dólares por concepto de gasto de viajes y honorarios.

Al principio, Trout se mostró reacio a acudir al festival. Esto no lo sabían los organizadores del proyecto, porque realmente Kilgore ni siquiera se había tomado la molestia de comunicarse con ellos. De hecho su reticencia era consigo mismo. Trout, que solía hablar con su perico, le dijo: “Allá no querrán más que sonrisas. Un fracasado infeliz no debe de pedirles nada”.

Pero al poco tiempo sus pensamientos se movieron en otra dirección: “Quizá lo que necesitan ver es precisamente a un fracasado infeliz. Escucha, Bill, voy a salir de la jaula pero regresaré. Voy a ir para mostrarles lo que nunca ha visto nadie en un festival de las artes: un representante de todos los miles de artistas que han dedicado su vida a la búsqueda de la verdad y la belleza… ¡sin haber encontrado nada!”

Kilgore Trout partió a Midland con una sola idea en su cabeza: comentar a la gente del festival el tipo de lápida que deseaba tener, y donde se leería tallado en piedra: ALGUIEN (de un tiempo a otro tiempo) hizo un esfuerzo.

3.- AHORA PUEDE CONTARSE

La obra de Kilgore Trout, por muy extraño que parezca, influyó decisivamente en la vida de varios hombres. Se sabe que uno de sus relatos impactó terriblemente a un preso. Varias otras de sus obras transformaron la vida de Elliot Rosewater mientras estuvo en el hospital junto con su compañero Billy Pilgrim durante la segunda guerra mundial (4); y un relato en especial resultó inolvidable para un camionero de carretera que dio aventón al mismo Trout en su viaje al Festival de Midland. Pero tal vez el caso más sonado es el de la novela que hizo que Dwayne Hoover, un prominente y acaudalado concesionario de la Pontiac en Midland, tuviera un episodio de locura homicida–maniática que desembocó en once personas heridas y una fortuna dilapidada.
Por lo regular, ninguna de las portadas de los libros de Trout hacían referencia a la trama interior. Al igual que los escritores de las novelas pornográficas, los portadistas tenían que hacer su trabajo a marchas forzadas, así que pocas veces una portada de esta clase de libros correspondía con la historia tratada en su interior.

Por ejemplo, la cubierta del libro que volvería loco a Dwayne Hoover, AHORA PUEDE CONTARSE (Now, it can be told), mostraba a un grupo de colegialas desnudándose delante de un profesor universitario. La historia en su interior nada tenía que ver con todo aquello; trataba del creador del universo pidiendo perdón a la única y verdadera criatura que había creado con libre albedrío en todo el cosmos. Esta criatura, el personaje principal de la historia, siempre había vivido, sin saberlo, rodeado por robots con forma humana, construidos para hacer y realizar todo aquello que estaban destinados a hacer y nada más. Nada era sincero, todo en ellos estaba arreglado, las muertes, la guerra, el amor, el odio, la felicidad, la tristeza… y todo aquel teatro Pan-Galáctico solo tenía un objetivo para el creador del universo: obtener una reacción de su criatura con libre albedrío. Dios se sentía pues, tremendamente mal con su creación. Había jugado con él un juego que lo había hecho sufrir y ahora en una carta larga le pedía perdón. Perdón por todo. Según se sabe, Dwayne Hoover, quien pasaba por una situación de crisis personal y familiar en esos momentos, sintió que la novela era un mensaje claro de Dios para él, y eso desató su locura que no solo llevó a tanta gente al hospital, sino que incluso detuvo el Festival Cultural de Midland. Por extrañas coincidencias del destino, fue el mismo Trout quien le entregó sin conocerlo, la novela en un bar de la localidad(5).

La formula favorita de Trout consistía en describir una sociedad perfectamente odiosa, no muy distinta a la suya, y luego, al final, sugerir el modo de mejorarla. En 2BR02B Trout describe un Estados Unidos de América en el futuro donde las máquinas realizan todo el trabajo. Los humanos, para poder trabajar, necesitan tener entre tres y cuatro títulos universitarios para llegar siquiera a la eficiencia de una sola de estas máquinas. Pero no hay problema, porque en ese mundo todo está arreglado. Ya no hay enfermedades y todo problema ha sido perfectamente eliminado. De esa manera, la muerte sólo puede ocurrir de una forma: por suicidio. Pero los suicidios no son aparatosos ni dramáticos. La sociedad perfectamente organizada tiene la solución: El Suicidio Ético que provee a los suicidas hartos de vivir la vida de un día perfecto antes de morir de forma tranquila y suave.

En EL EVANGELIO DEL ESPACIO (The Gospel from the Outer Space), otra de las novelas representativas de Trout, y precisamente la que más influyó en Billy Pilgrim, se nos narra la historia de un visitante del espacio que hizo un profundo estudio del cristianismo para comprender, en todo lo posible, por qué los cristianos encontraban tan fácil la crueldad. Siendo el evangelio la palabra de un hombre compasivo, y la Biblia un libro tan influyente en la cultura planetaria era extraño ver como el efecto su mensaje era tan distinto al esperado. Llegó a una conclusión sorprendente: La humanidad no veía en este libro el sacrificio de un hombre bueno por sus congéneres, sino una atroz declaración: “Antes de matar a alguien, asegúrate de que no esté bien relacionado”. Los fariseos habían pagado caro su error al asesinar a un tipo a quien creían un don nadie. Resulto que contra toda expectativa, ese pobre hombre era hijo del Rey de toda la Creación. Fue un pequeño pero lamentable error que hizo que llovieran rayos y truenos sobre los fariseos y demás curiosos, además de que devino en costosos gastos para la remodelación del templo de Jerusalén, que sufrió varios percances, gracias a un sorpresivo terremoto.

La frustración de sus vidas, pues, la desquitaban los humanos sobre todos aquellos que no estuvieran bien relacionados. El visitante determina, pues, regalar un nuevo evangelio a la Tierra, o mejor dicho uno modificado. En el, Jesucristo es realmente un don nadie pero al mismo tiempo, un dolor de cabeza para los poderosos con buenas relaciones. Estos, sin temer ninguna clase de represalias, igual lo vuelven a crucificar, pero Dios vuelve a hacer su aparición más furioso que nunca, adopta al chico como su hijo, y con su magnánimo amor y su voz transformada en un rugido, grita: ¡Y desde este momento, castigaré aquél que ose torturar a cualquier pobre golfo en este mundo que no esté bien relacionado!

Algunos críticos consideran que la obra de Kilgore Trout no puede ser llamada ciencia ficción solo por el hecho de hablar de extraterrestres, naves espaciales y planetas en otras dimensiones. Rosewater echa por tierra esa opinión, cuando demuestra que aquello que preocupa a Trout en sus novelas, es realmente lo mismo de lo que tratan los escritores de la ciencia ficción en sus obras: su entorno, su mundo, su gente, y por supuesto, el alma humana, pero siempre un paso más allá.

Por ejemplo, Trout escribe un impactante relato sobre un árbol que daba dinero. Tenía por hojas billetes de veinte dólares. Sus flores eran bonos del gobierno y sus frutos diamantes. Atraía a los seres humanos que, por codicia, se mataban unos a los otros al pie del árbol. Los cadáveres resultantes de la masacre eran su objetivo final pues acababan convertidos, por supuesto, en fertilizante para las raíces.

4. KILGORE EN SU ALMEJA

Kilgore Trout siempre se había creído un escritor humanitario y prácticamente invisible, pero después del suceso que marcó la vida de Dwyane Hoover en Midland, estaba más que consciente de que toda acción tenía una reacción y no siempre era la que se esperaba. Era como la llegada del pie de atleta a la Isla de Bermuda. El hombre llegó para ayudar a la población de águilas, pero al mismo tiempo trajo con él su perdición definitiva. La imagen del entierro de aquel ave volvió a hacer mella en el alma ya de por sí atormentada de Trout. En el caso de Dwayne Hoover, Trout había sido el hombre, Hoover el águila y la novela AHORA PUEDE CONTARSE el pie de atleta que lo llevaría directo a la locura y a su perdición. La historia volvía a repetirse Era una carga muy fuerte para soportar.

Trout soñaba constantemente con un agujero en la arena y en su interior, Dywane Hoover repitiendo como disco rayado estas palabras: “¡Tengo libre albedrío, soy libre, soy libre!” mientras Trout lloraba y lloraba pidiéndole mil y un veces perdón. En el sueño, los pies le escocían.

Durante todo este tiempo, Trout no dejó de escribir. Seria imposible mencionar todas las novelas y cuentos que brotaron de su máquina en este breve artículo, pero hay un puñado que pueden considerarse sus obras principales. VENUS EN SU CONCHA (Venus on the Half-Shell) es seguramente la más conocida y la única que trascendió fronteras, siendo traducida al español, al japonés, al turco, al italiano, al francés y al Hausa, una de las lenguas oficiales de la Republica de Nigeria.

Venus en su Concha es lo que se conoce en el género como una Space Opera. Es básicamente el conocido subgénero de viajes espaciales, guerras intercósmicas e imperios que abarcan galaxias. La historia se centra en “el vagabundo del espacio” una especie de heroico trotamundos (literalmente hablando) mezcla de Flash Gordon y el lobo estepario, que busca una respuesta al sentido de su existencia en su interminable andar por el tiempo y las estrellas.

“La reina Margaret del Planeta Shaltoon, dejó caer su bata al suelo. No llevaba nada debajo. Sus descubiertos senos, altos y firmes, eran orgullosos, de tono rosado. Las caderas y muslos parecían una lira incitante de puro alabastro. Brillaban con tal blancura que parecían tener una luz interior.

- Han terminado tus viajes, vagabundo del espacio –susurró, con voz llena de deseo-. No busques más, pues ya lo has encontrado. ¡La respuesta esta en mi brazos!...
- Reina Margaret, lo que me ofreces es una maravillosa respuesta. Pero da la casualidad que no es la yo estaba buscando.”

Este estilo de escritura, salpicado de descripciones y adjetivos; además de bastante prolifero en metáforas, a la cual más exagerada, realmente no hacia justicia a su verdadera forma de escribir. Era básicamente el tipo de literatura que el público exigía; no sólo el pornográfico, sino también el de ciencia ficción: y Trout se los daba. Sabía que también por eso, el género gozaba de tan mala fama.

OIGA ¿HUELE ALGO? (Oh, Say Can You Smell?) Otra de sus mordaces obras, retrataba perfectamente bien si idea que tenía sobre los políticos y la política. La novela, ambientada en el futuro, mostraba un país diatópico, controlado por un dictador fascista cuyo principal problema se centra en la lucha contra los hedores del tipo que él llamaba “olores de contribución individual” y que todos en el país, al igual que su regidor, detestaban. Tomando dinero del presupuesto gubernamental, desarrolla un proyecto de investigación científica que busca desesperadamente un desodorante químico especial para anular cualquier tipo de olor. Pero no se logra nada. Entonces, el dictador echa mano de un maravilloso recurso científico que hizo innecesarios a todos los demás. Se fue directamente a la raíz del problema. Ordeno eliminar de inmediato, todas las narices…

Relatos de este tipo, hicieron que Kilgore Trout ganara la reputación de fascista por no más de tres personas que alguna vez llegaron a mencionar haber leído este cuento en el circulo de la ciencia ficción, pero no se llegó a más. Trout, como Robert Heinlein, era un incomprendido. La decisión de que el dictador de su historia fuera además el héroe de la misma fue malinterpretada como un apoyo absoluto a los gobiernos opresores y ultraderechistas, cuando realmente era una especie de reclamo paródico a la imagen del líder. Se dice, pero no hay nada comprobado, que esta novela fue recomendada para su edición en el círculo de lectores de la Asociación Nacional del Rifle.

PLAGA SOBRE RUEDAS (Plague of Wheels) la que es tal vez su novela más popular en los Estados Unidos comienza con la extinción de las últimas criaturas pensantes del planeta Lingo 3. Sus habitantes, criaturas similares a los automóviles americanos, se movían también a través de ruedas y se alimentaban de combustibles fósiles que permitían a sus motores de combustión interna, seguir funcionando. Al revés que los automóviles terrestres, ellos no eran fabricados, sino que se reproducían: ponían huevos que contenían automóviles chiquitos, que después maduraban en charcos de aceite que escurría de la caja de cigüeñales de los adultos. Un grupo de viajeros espaciales y de origen extraterreno, habitantes del planeta Zeltoldimar, llegan al planeta y se entran que los recursos naturales del planeta ya no dan para más y que la atmósfera esta tremendamente polucionada. Los habitantes de Lingo 3 están irremediablemente condenados.

Las criaturas automovilísticas, hasta eso, recibieron a los visitantes de la mejor manera y conociendo de antemano su destino, les ruegan que salven a uno de su raza llevándolo con ellos en su nave espacial. El problema es que la nave de los Zeltos es realmente del tamaño de una caja de zapatos y ellos, criaturitas de solo media pulgada. El portavoz de los Zelteanos, tristemente, solo puede prometer una cosa: “Desaparecerán, pero no se les olvidará”. Los Zelteanos han decidido viajar por el universo y comentar a todas las criaturas en él, lo maravilloso que se habían portado los seres de Lingo 3.

Kago, el portavoz y capitán de la nave y su valiente tripulación, (que era toda, homosexual), recorren el universo manteniendo viva la memora de los autos de aquel planeta. Pero en sus viajes, llegan a la tierra y ven con horror como el mismo proceso de extinción se esta dando aquí también. Quedan más horrorizados aún al enterarse de que los autos de la Tierra, son realmente maquinas sin conciencia, esclavos zombies de sus ocupantes humanos. Kago inicia una cruzada para dar conferencias de alerta a la población. Por supuesto, a nadie le importa lo que una criatura de media pulgada pueda decir, y menos aún si es extranjera (6).

Kago se convierte pues, en testigo de la extinción del planeta Tierra y después de un siglo de su llegada, ya de ella quedan los huesos estériles de los autos abandonados en las carreteras y un cielo gris plomo que asfixia a la poca población humana que queda viva. Pero Kago no está destinado a presenciar el ultimo estertor del planeta Tierra. Muere en un bar de Detroit intentado dar una conferencia acerca de los males que aquejan a la humanidad. Cansado de no ser escuchado, triste y deprimido, Kago se recuesta en la barra del bar para descansar, cuando un obrero de la industria automovilística, borracho, lo ve, y confundiéndolo con un fósforo abandonado, hace uso de él frotándolo cruelmente contra la madera. Kago muere con el cráneo despedazado.

5. PROFETA DE AMERICA

La injustamente olvidada obra de Kilgore Trout goza de muchos matices, no sólo literarios, sino lo que es más importante, ideológicos y reflexivos. Para él, aún no ha llegado la fama tardía que tocó a un Philip K. Dick o a un Theodore Sturgeon, otros dos escritores del género que en su época fueron solo reconocidos por los lectores del círculo donde solían escribir.

Elliot Rosewater llamó a Kilgore Trout “profeta de América”, y lo llamó bien. Tal vez Trout inconscientemente también sabía que lo era y en una especie de remedo de Jesucristo literario fue ignorado y sacrificado en lo que representó el bien para algunos en especial: aquellos lectores ocasionales, banales y casi vacíos, que en la búsqueda de una fantasía pornográfica, dieron sin querer con las parábolas en clave de ciencia ficción de un hombre perdido y casi invisible, que impregnó sus cerebros y corazones con ideas y sentimientos nuevos y con una nueva forma de enfrentar la vida y la realidad.

La voz de Kilgore Trout no surge de ninguna de las capillas de los grandes literatos, su sabiduría no se desprende de ningún libro con fama intelectual y su obra no está comprometida con nadie que no sea consigo mismo. Trout es pues, sincero y auténtico, porque sus aunque sus palabras vienen del orinal de la literatura, la ciencia ficción, ésta surge de donde ninguna otra puede hacerlo: del universo inmenso e infinito que existe oculto en nuestros corazones y que nos reclama que hay cosas más grandiosas e increíbles que la simple y llana realidad.

Notas Finales

(1) Un ejemplo de ellas es The Black Garterbelt, (El ligero Negro ) una revista pornográfica, definitivamente intrascendente y aún más oscura que el mismo Trout, donde alguno de sus relatos acabo siendo publicado para rellenar páginas.

(2) El artículo fue publicado en la revista norteamericana In This Times Dic. 2004

(3) Según el mismo Elliot Rosewater, la búsqueda le costó dieciocho mil dólares.

(4) Billy Pilgrim contaría después en un libro su experiencia en el bombardeo de Dresden donde además daría su testimonio sobre una supuesta aducción que sufrió de manos de unos extraterrestres del planeta Trafalmadore. También ahí menciona el motivo que lo llevo a leer ciencia ficción: Fue Rosewater quien inició a Billy en este género, en particular en los escritos de Kilgore Trout. Ambos compartían un cuarto en el hospital a donde fueron a parar por diferentes motivos, todos ellos relacionados con la guerra. El excapitán Rosewater tenia debajo de su cama una gran cantidad de libros baratos de ciencia- ficción que había mandado traer en una maleta y no tenía problema en prestarlos a su compañero de cuarto. Ambos, Pilgrim y Rosewater pasaban por crisis similares. Rosewater había disparado por error a un bombero alemán creyéndolo un soldado y matándolo, mientras que Pilgrim había sido sobreviviente y testigo del infierno de Dresden, una de las mayores carnicerías de la historia. Los dos intentaban rehacerse a sí mismos y rehacer su universo entero. Billy declaraba que por tal razón, la ciencia ficción constituyó una gran ayuda para ambos en aquellos momentos. Kilgore Trout se convirtió pues en el autor vivo favorito de Billy, y la ciencia ficción en la única clase de historias que podía leer. Posteriormente, Billy Pilgrim se enteraría de que Kilgore Trout vivía en Illium, su ciudad natal, sin amigos y abandonado. Ambos llegaron a conocerse y Billy a visitarlo de vez en cuando.

(5) Como otra extraña coincidencia, o tal vez un dato que deliberadamente utilizaría Kurt Vonnegut en la en su artículo de Trout, resulta que la esposa de Hoover se había suicidado anteriormente bebiéndose una botella de Drano.

(6) El libro original donde fue publicado, gozaba de una gran cantidad de ilustraciones pornográficas sin ninguna referencia a la historia, como ya hemos visto. En especial, en esta parte, se mostraba el dibujo, casi realista, de dos jóvenes chinas desnudas y abiertas de piernas.

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